De repente mi chico preguntó si nos apetecía ir a Copenague. En principio no sonaba mal pero planear un fin de semana de hotel y diversión con 8 horas de antelación es un poco aventurado teniendo en cuenta que estamos rodeados de germanos que planean hasta las veces que deben estornudar.
Tras un par de horas de incertidumbre tuvimos la confirmación del hotel, el resto lo dejaríamos a la aventura, como siempre. Así que una tarde que se preveía de salón y peli, se tornó en una carrera por llenar la maleta y preparar el coche.
En principio se tardan cinco horas desde Hamburgo a Copenague así que planeábamos llegar a la capital danesa después de comer.
Cuando llevábamos la mitad del trayecto recorrido llegamos a una parada de peaje. Nos sorprendió la cantidad de coches que aguardaban para pagar el trayecto, no sólo eso, sino que había muchos coches también esperando más allá de las cabinas de pago. Esperamos hasta que llegó nuestro turno. El cobrador nos atendió muy amablemente y nos preguntó si queríamos billete solo de ida o de ida y vuelta. A mí me pareció un poco aventurado comprar el de vuelta teniendo en cuenta que siempre suele haber un trayecto sin peaje que aunque suponga conducir una horita más, no te toca rascarte el bolsillo.
De ida, dijimos nosotros. Muy bien, dijo señor cobrador, son 85 euros.
Quéééééééééééééé?????
85 euros??????????????
Pensé que se habría equivocado. Quizás el señor pensaba que lo que queríamos era ir a Finlandia, o a Suecia a través de un puente. Le dije a mi chico que le aclarara que donde queríamos ir era a Dinamarca, DI NA MAR CA!
Ja, ja (sí, sí, en alemán) dijo el señor, por aquí se va a Copenague, en Dinamarca.
Entonces nos dimos cuenta de que en las cinco horas de trayecto en coche se incluía una hora en coche pero dentro de un barco.
De momento comprendimos todo el alboroto de coches más allá de los peajes. La gente esperaba la llegada del barco para poder embarcar y cruzar hasta tierras danesas. También comprendimos por qué el señor nos preguntó si queríamos el billete de ida y vuelta, ya que la opción barata imponía unas cuantas horas más en coche, así que aunque el precio del billete era alto, seguía siendo la mejor opción. Por supuesto compramos el billete de ida y vuelta y pagamos los 170 euros de rigor.
Cuando llegó el barco se abrieron una enormes compuertas por las que íbamos entrando todos los coches de manera muy ordenada. Ya dentro del barco la gente parecía saber muy bien qué hacer: motores parados, y todos a cubierta.
Yo no tenía intención de bajar del coche porque en mi "paletez" pensé que se trataría de un trayecto de 15 minutos, pero al ver a todo el mundo huir en desbandada decidimos aplicar la máxima que dice "donde fueres haz lo que vieres". Así que nos bajamos y seguimos al personal que ascendía por unas escaleras a los niveles superiores de la embarcación.
Arriba había una pequeña ciudad de compras con tiendas donde comprar souvenirs, y restaurantes para tomar algo. Como no sabíamos el tiempo que estaríamos embarcados no nos atrevíamos a sentarnos a comer, además sentíamos curiosidad por subir a cubierta.
La experiencia fue fantástica. Recorrimos toda la cubierta ya que aunque hacía viento, el sol permitía disfrutar de la experiencia y hasta imaginar que surcábamos el mar Mediterráneo. Eso de subir en barco siempre me ha parecido excitante, quizás por la sensación de libertad que proporciona mirar al horizonte y no ver muros ni parapetos, quizás por el viento golpeando mi cara y aportando sensación de velocidad.
El viaje a Copenague lo recordaremos por muchas anécdotas y sitios que merece la pena visitar: el parque de atracciones Tívoli y lo mala que me puse tras bajar de una atracción, la escultura de la Sirenita y lo que nos costó hacer la foto perfecta, el pintoresco centro urbano y la amabilidad de sus gentes, pero sin lugar a dudas, en nuestra memoria quedará para siempre la experiencia en el barco. De todo, fue ésto lo único que no planeamos, de hecho fue una auténtica sorpresa, y sin embargo la disfrutamos muchísimo.
Es importante anticipar acontecimientos, planear eventos y fines de semana, pero pienso que siempre hay que dejar margen a la improvisación porque a veces ésta te trae las mejores experiencias. Estar abierto a los cambios de última hora y dejarse llevar siempre es una buena actitud ante la vida.
Be water my friend!
Sé que soy malo pero "esto" se escribe sin tilde, muy descriptivo y ameno y me imagino que "lo de mi chico" se refiere al amante, me gusta...
ResponderEliminarGracias por tu comentario. Pero cuando "esto" tiene función de pronombre, ¿no se escribe con tilde? Lo miraré....
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