viernes, 12 de agosto de 2011

Huerting



En mi familia, como en la de la mayoría de nosotros, ha habido tradición agrícola desde antigüo, tanto mis abuelos paternos como los maternos sabían de ésto así que siempre pudieron comer lo que ahora llamamos "productos bio" de primera calidad.
Cualquier tipo de actividad profesional condiciona la vida de las personas y tener huerto obliga a  levantarse muy temprano, tomar un buen desayuno, parar a media mañana para hacer un descanso quizás sentado bajo un árbol para comerse un trozo de pan con con queso para después poder continuar con sus labores hasta la hora de la comida. Después probablemente se impone una siesta para reponer fuerzas y así seguir con la faena por la tarde.
Seguir estos pasos es importante porque es necesario comer y descansar para poder satisfacer las exigencias de la vida del agricultor. Pero igual de importante es conocer los cultivos que trabajas y las fechas del año idóneas para su plantación y recolección de tal manera que te asegures una buena cosecha. También se deben saber qué tipo de plagas afectan a tus cosechas para estar atento ante cualquier signo de infestación y atajarla lo antes posible si es que no quieres perder todo el trabajo de una temporada por un dichoso bichito.
Probablemente mi abuelo no fue a la escuela para aprender ésto, más bien su padre se lo enseñó, así que se convierte en un saber antigüo fruto de años de observación del terruño que dan como fruto técnicas que optimizan los cultivos.
Pues bien, esta semana hojeando el Vogue me he dado de bruces con un artículo llamado "Huerting". Los pobres urbanitas ya no saben qué hacer para recuperar la paz en sus vidas y recurren a este oficio que tanto esfuerzo demanda y a la vez, que tanta paz aporta. No les culpo. La vida en la gran ciudad es dura y a veces se te olvida que eres persona pasando a compartir cualidades con las máquinas. Además, imagino la satisfacción que debe dar recolectar tus propios tomates. Ese olor del tomate recién cogido es único. Y cuando llegas a casa, lo partes por la mitad y le hincas el dientes piensas "ésto sí sabe a tomate, ¡tomates como los de mi abuelo! y no esos del Mercadona que no saben a nada". Sí, seguramente esto mismo lo hemos pensado todos cuando hemos probado tomates cultivados por algún pariente que se toma la molestia de hacerlo.
Según el artículo de la citada revista, en Madrid han habilitado lo que ellos llaman "el huerto del siglo XXI". Se trata de 146 parcelas de 20 metros cuadrados, alquilables por el módico precio de 85 euros al mes previo pago de una matrícula anual de 150 euros. A mí esto me ha sonado a "no sabemos cómo sacarle la pasta a estos madrileños pijos y aburridos". Al parcelar el terreno se han formado calles que ya se han encargado ellos de decorar con flores, supongo que lo hacen para alegrar la vista de los agricultores noveles entre tanto rascacielo.
Por supuesto tú puedes elegir qué tipo de semillas vas a cultivar pero también te puedes dejar aconsejar a través de los seminarios y cursos que ofrecen con nombres tan sugerentes como "La cocina del huerto" o "Introducción al espantapájaros", esto es real, podéis hojear el Vogue de agosto y leerlo vosotros mismos. La revista no aporta precios pero ya te digo yo  que valen un riñón. Lo que aprendas o dejes de aprender ya es harina de otro costal, pero que te cuestan un pico está tan claro como el agua cristalina.
Quizás alguno pensará, "yo no planto guisantes porque ya me han dicho en el seminario que es un cultivo exigente". No pasa nada porque igual que eliges qué cultivar, también decides el grado de implicación con tus cultivos, de manera que si no te apetece quitar las malas hierbas, o esta semana las reuniones de la ofi te han dejado ko, tenemos lo que ellos llaman "personal keeper" que lo hace por ti. Tampoco dicen lo que este servicio cuesta pero me imagino que estará al nivel de los seminarios.
Sinceramente la idea no me parece mala pero llamarle "personal keeper" a un señor que se dedica a quitar las malas yerbas de entre las patatas, la verdad, me parece una "snobada" brutal.
A esto hemos llegado. Nuestros ritmos de trabajo y exigencias familiares nos llevan a buscar el contacto con la tierra para curarnos de la urbanidad que ya cuando nacemos nos inyectan en sueros de 1000 mg. Demasiada calle, demasiado asfalto, demasiado metro, demasiados semáforos. Quizás en un futuro no muy lejano nos veamos volviendo a los pueblos a recuperar el tiempo perdido entre faxes, ordenadores y teléfonos. Volviendo a levantarnos con el canto del gallo y las primeras luces del alba para dirigirnos a nuestro huerto a recoger los primeros frutos de la primavera. A aprender de meteorología, no para decidir cuándo nos vamos de vacaciones, sino para elegir el mejor cultivo para nuestra zona pero sin el "personal keeper" porque trabajar el campo y estar en contacto con la tierra es una forma de vivir, no un pasatiempo por horas. Quizás hagamos ésto, o quizás acudamos a estos seminarios, alquilemos la parcela y contratemos al señor este llamado "personal keeper" en cuyo caso no aprenderemos nada sobre la tierra y sus exigencias, pero seguiremos creyendo que nuestras vidas van bien y que hemos conseguido compaginar una tarde de shopping o spa, con las actividades hortofrutícolas. Tú mismo!

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