domingo, 11 de septiembre de 2011

No se estila



"No se estila ni mi peinetón ni mi pasador, dicen que no se estila no no, ni mi medallón ni tu cinturón, yo sé que se estilan tus ojazos y mi orgullo, cuando voy de tu brazo por el sol y sin apuros" "No se estila, ya sé que no se estila, que te pongas para cenar jazmines en el ojal"


Nostálgicos, así se les llama a los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. La historia nos dice que no siempre es así sin embargo, ¿qué nos hace a muchos pensar que nuestro presente no cumple con nuestras espectativas?¿Qué hace que añoremos los tiempos sin prisas y las flores de jazmín en el ojal?
Mi abuela ya hablaba de su época con añoranza. Era una época en la que se celebraban los santos con grandes comilonas y las sobremesas se hacían eternas entre pasteles, vino dulce y risas. Épocas en las que la palabra tenía valor y por lo tanto, tener un novio significaba un preacuerdo matrimonial así como pedirle salir a una chica, pasaba obligatoriamente por el consentimiento paterno.
Todavía me sorprende cuando veo en películas de los años 50 ó 60 cómo los caballeros vestían traje de chaqueta a diario y las mujeres usaban sombrero o tocado. Eran épocas donde un hombre cedía el paso a una mujer y le colocaba el abrigo sobre los hombros antes de salir a la calle. Se apreciaba el concepto de caballero, considerado como un hombre de honor y palabra con buenos modales y educación.
La autoridad era un concepto respetado y respetable, sin tener nada que ver con lo que hoy en día se considera autoridad, que más bien se confunde con autoritarismo. Me quedo con la tercera acepción que de este término hace la RAE y esto es "Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia". ¡Cuán lejos estamos hoy de esto si pensamos en nuestros ancianos o en nuestros profesores!
No existía el correo electrónico, así que tocaba hacer buena letra y escribir a la familia o tu novio para mantener una comunicación fluída. Era poético echar una carta perfumada al buzón, pero aún lo era más esperar día tras día la contestación, ir al buzón y hasta sudar de emoción cuando a través de la ranura se leía el remite. Era carta de él.
A veces viendo películas de época siento la tentación de considerar a esa gente mejor que nosotros. Sé que no es así, pero sí creo que vivían con más poesía que nosotros.  Lo nuestro es pura prosa y cuando aparece algún endecasílabo se le considera un verso suelto, más bien discordante. La mafia tenía estilo asesinando con traje y sombrero puesto, las historias de amor parecían de más amor, las rupturas parecían más dramáticas, los engaños más traicioneros, y hasta el queso parecía que supiera más a queso.
 Recuerdo los veranos en casa de mi abuela y como por las noches cogíamos una silla y nos salíamos a la calle a tomar el fresco con los vecinos. Eran momentos de hablar de las cosas del día, pero también de recordar historias de la gente del pueblo que a mí me parecían mágicas. Yo siempre quería saber hasta los detalles más íntimos pero con un "no me acuerdo nena" mi abuela zanjaba el asunto, seguramente porque la respuesta a mis preguntas no era apta para una niña de mi edad. También recuerdo a mi abuelo salir a darnos sustos, o a contar algún chiste de Quevedo, de los que por cierto no he vuelto a oír hablar.¡ Y cómo nos reíamos!
¿ Dónde ha quedado todo esto? Se ha ido diluyendo entre atascos en el coche, carreras por encontrar un aparcamiento, escapadas al burguer porque no hay tiempo de hacer la cena. Se ha ido diluyendo entre programaciones televisivas, x-box, visitas al gimnasio, cursos de idiomas.
El hecho de que vivimos en una sociedad acelerada no es una idea nueva, ni siquiera mía. Es obvio que la velocidad con la que suceden las cosas en la actualidad está por encima de lo que el hombre puede asumir. Esto no tendría nada de malo si no fuera porque la velocidad y el buen hacer de las cosas están reñidos. No se puede hacer nada rápido y bien, como no se puede vivir rápido y bien, o lo que es lo mismo, saboreando cada día, cada mañana, cada comida, cada beso y cada adiós, ¡si es que hasta las despedidas se hacían con rima!
Incluso ahora mismo, mientras escribo este post, mi hijo está contentísimo porque el Real Madrid ha ganado la súper copa en la X-Box!! Y yo pienso, ¿te imaginas si hubieras ganado un torneo cualquiera con el equipo de tu barrio? ¡Eso sí es saborear una victoria, eso sí es vivir la vida!
¿Hay solución? Pues me temo que no. Me temo que esto es el curso natural de la Historia y que a cada uno le toca vivir una época y que la nuestra es ésta. Lo que no sé es adónde nos lleva este ritmo porque lo que parece claro es que tendemos a la dehumanización de la sociedad y a la vida virtual. Si pienso que hay gente que comparte calle, incluso tabiques durante años y no se conocen, me doy cuenta cómo de deshumanizados estamos.
Convendría aprender a bailar el tango, usar palabras bonitas, tener gestos caballerosos. Convendría aprender a cocinar y juntarse con las vecinas para hacer pastas. Convendría saludar cada día a los vecinos y cuidar de nuestros mayores. Convendría escribir más cartas de amor y menos correos electrónicos. Esto es puro idealismo, no se puede vivir así hoy en día, pero.... sería bonito. Yo diría como en la canción de MªDolores Pradera:"desde luego parece un juego pero no hay nada mejor que ser un señor de aquellos que vieron mis abuelos"





1 comentario:

  1. Real como la vida misma, culturalmente tiempos pasados fueron muy superiores,la imaginación suplía a la tecnología y se leía, algo en vías de desaparición.
    Sería largo y prolijo desarrollar o ampliar lo descrito aquí pero es indudable que la sociedad está en decadencia total en valores de todo tipo y a través de la Historia se demuestra que las tendencias nunca se revierten.
    Hablar de culpables sería interminable pero curiosamente el progreso ha invertido el fomento de la cultura y es raro encontrar a jóvenes que sepan escribir (no leen) o hacer cálculos elementales matemáticos (hay calculadoras)y podríamos decir sin temor a equivocarnos que cualquier tiempo pasado, aún con sus dificultades) fue mejor, pero progresamos (dicen)

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