lunes, 26 de septiembre de 2011

Ciencia en estado puro




Por fin una noticia interesante. Por fin algo que me saca del aburrimiento de las próximas elecciones y los cruces de acusaciones entre PP y PSOE.
Los científicos del CERN, en un experimento llamado Opera y después de hacer 15.000 pruebas durante 3 años han informado de que existen unas partículas subatómicas capaces de viajar a una velocidad superior a la de la luz.
El siglo XX se vio dominado absolutamente por la teoría de la relatividad de Einstein afirmando que nada puede viajar más rápido que la luz, esto es, 300.000 km. por segundo. Esto es una ley general que afecta a todo el Universo y que se debe cumplir siempre, bajo cualquier circunstancia. Entonces, qué hacen unos neutrinos corriendo tanto? Pues muy sencillo, bajar el ego de muchos científicos y demostrarnos que a lo mejor, no sabemos nada del mundo que nos rodea.
De confirmarse la noticia nos enfrentaríamos a un nuevo paradigma científico que podría aceptar los viajes en el tiempo, los viajes al pasado. Esto dice el director de Investigación del CERN, Sergio Bertolucci. “If this measurement is confirmed, it might change our view of physics, but we need to be sure that there are no other, more mundane, explanations. That will require independent measurements" (si las mediciones se confirman, podría cambiar nuestra visión de la física, pero debemos asegurarnos de que no hay otras explicaciones más mundanas. Esto requerirá de mediciones independientes).
Entender cómo se puede dar tal circunstancia no es fácil pero voy a intentar explicarlo de la manera más fácil posible.
Primero hay que entender que hasta finales del siglo XIX se pensaba que el tiempo y el espacio eran dos conceptos distintos. Fue Einstein quien estableció el concepto único de espacio-tiempo ya que la teoría de la relatividad dice que a medida que te mueves más rápido suceden dos cosas: el tiempo pasa más despacio y el espacio se estira, por lo tanto si viajáramos muy rápido a velocidades cercanas a la de la luz, el el tiempo para nosotros pasaría más despacio. Cuanto más me acercara a dicha velocidad, más despacio pasaría el tiempo, así que cuando alcanzara los 300.000 km/sg. el tiempo se pondría a cero o lo que es lo mismo, no pasaría el tiempo. Los neutrinos han dado un paso más allá traspasando esa velocidad, por lo tanto el tiempo empezaría a ir hacia atrás de tal manera que los famosos neutrinos podrían viajar al pasado.
Lo que les ha pasado a los físicos que realizaban el experimento es que a pesar de realizarlo miles de veces, para su asombro han seguido obteniendo los mismos resultados. Unos resultados tan comprometedores que decidieron dar a conocer su descubrimiento en busca de ayuda entre la comunidad científica internacional que, o bien confirme sus cálculos o bien los refute. Así lo explica Antonio Ereditato el portavoz en rueda de prensa del experimento OPERA: “This result comes as a complete surprise,” , “After many months of studies and cross checks we have not found any instrumental effect that could explain the result of the measurement. While OPERA researchers will continue their studies, we are also looking forward to independent measurements to fully assess the nature of this observation" (Este resultado es una sorpresa. Tras muchos meses de estudios y datos cruzados, no hemos encontrado instrumental efectivo que pueda explicar los resultados de nuestras mediciones. Mientras los investigadores de OPERA continúan sus estudios, también esperamos estudios independientes que hagan una completa evaluación de nuestras observaciones)
Desde los estamentos científicos se pide cautela antes de afirmar que Einstein se equivocó, y no me extraña ya que todos hemos crecido con la afirmación de que nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz. Además, puede que Einstein no se equivocara y el experimento haya obviado alguna variante que modifique sus resultados. Nos toca esperar a que los físicos cojan lápiz y papel y nos demuestren qué pasa con los neutrinos.
Mientras tanto nos podemos permitir el lujo de soñar. ¡Viajar al pasado! ¿Podrían haber viajado a nuestro presente hombres del futuro? ¿Cómo podríamos entonces entender la paradoja de viajar al pasado y asesinar a nuestro abuelo? ¿Sería la respuesta a esto la existencia de universos paralelos donde nuestro alter ego vive una vida distinta a la nuestra?
Como realmente no tengo ni idea de física, me quedo con la idea de que no existe lo imposible y quien afirme tal cosa es un incauto. Ya lo decía Einstein, "la imaginación es más importante que el conocimiento". La imaginación te permite soñar cosas que aunque ahora no son posibles, quizás lo sean algún día. El primer paso para conseguir lo imposible es imaginarlo. Qué bonito eh?? Pues esto lo dijo un científico, uno de esos que comprueban las cosas antes de decirlas. Quizás soñar no sea de ingenuos, sino de luchadores.


sábado, 24 de septiembre de 2011

No me toqueh los c..honeh!



La vocación didáctica de los alemanes es algo que nada más llegar aprendes. Ellos, al fin y al cabo, son un país con una larga tradición de eruditos en todas las materias, pero en estos momentos hay una con la que se sienten especialmente sensibilizados: la ecología. Yo, más bien la llamaría ecologismo, porque ha pasado de ser una ciencia que nos enseña a ser respetuosos con nuestro medio ambiente a ser una religión con sus extremismos, sus tibios y sus agentes pasivos. Yo me considero una tibia. Si voy a recoger a mi hijo al colegio, en pleno mes de noviembre con 5 grados de temperatura, no paro el motor del coche. No lo hago porque fuera hace un frío del carajo, porque además no hay sol, así que la sensación térmica es probablemente de 0 grados, y porque dentro del coche se está genial con la música y la calefacción puesta. No me importa lo que tarden mis hijos en salir del colegio, yo no paro el motor porque soy una tibia de esta religión, en la que creo, claro que sí, pero sin extremismos.
El problema es que vienes aquí desde la soleada e incauta España y te topas de frente con el sector radical de esta nueva doctrina.
Aunque mi hijo ya se había metido en el coche, mi hija, fiel a sus principios contra las prisas, se hacía esperar. De repente un toc toc en la ventanilla del coche llamó mi atención: una señora me decía algo que no entendía bien. Bajé la ventanilla pero aunque ahora la oía con claridad no alcanzaba a entender exactamente qué quería la señora, cosas del idioma. Finalmente deduje por sus gestos y alguna palabra que sí conocía que lo que pretendía era que apagara el motor. Yo llevaba en Alemania unos meses y estaba en el estado "acojoneited", osea, que estás dispuesto a hacer cualquier cosa que te pidan con tal de no llamar la atención. Paré el motor, miré a mi hijo y fui entendiendo lentamente de qué iba todo esto.
Me sentí herida, ninguneada, estúpida. ¿Quién era esta desconocida para venir a mi coche, hacerme bajar la ventanilla y pedirme que parara el motor? Me fui encendiendo poco a poco y como mi hija tardaba, dio tiempo a que los niveles de mosqueo fueran en aumento hasta alcanzar el estado "súpermosqueeited". Mi hijo, que año tras año presenta candidatura al premio nóbel de la paz, me pidió que no hiciera nada, que me tranquilizara, pero los mecanismos de contención ya habían saltado por los aires así que fue inútil. Me bajé del coche y me dirigí hacia la buena señora. Mientras me acercaba pensaba en las palabras que usaría. Aunque tenía clarísimo qué le iba a decir, no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo. Como ya estaba casi a la altura de la ventana de su coche y me quedaba sin tiempo, fui elaborando una frase sencilla de la que conocía las palabras y dejé los insultos para futuros cursos de alemán avanzado. Cuando bajó la ventanilla le dije: "ese es mi coche. No está bien. No está bien." Fue penoso pero no sabía decir nada más. Tampoco fue necesario. Ella entendió perfectamente a lo que me refería y levantó las manos en señal de rendición.
Volví al coche como vuelven los leones tras zamparse una gacela.
Tiempo después he tenido la oportunidad de vivir situaciones idénticas con la diferencia de que ya puedo expresarme mejor en esta lengua de bárbaros. La última tuvo lugar cerca de mi casa mientras esperaba a una amiga. En esta ocasión la señora en cuestión se asomó por una ventana y a grito limpio me pidió que apagara el motor porque era un gasto innecesario de energía, y que además contaminaba el medio ambiente, y blablablabla. Ja! Pensé yo, ahora te vas a enterar. Respiré, salí del coche lentamente, me acerqué a su ventana y como un Romeo enamorado, empecé a soltar, sin un ápice de amor en mis labios, todas las cosas que antes no sabía y que ahora sí sé. Me limité a recordarle que es hipócrita defender su ecología en el país más industrializado de Europa. Que además yo viví un año en el lande Nordrhein-Westfalen, conocido por su importante actividad industrial, responsable de no sé cuántas chimeneas echando humo las 24 horas del día, y que, cuanto menos, resulta ridículo pedirle a una mujer que apague el motor de su coche durante un par de minutos argumentando eso de que el hombre es el responsable del calentamiento global, cosa que está aún por demostrar por más que se empeñen algunos con intereses ocultos en las tecnologías benignas con el medio ambiente. Estas situaciones me recuerdan a mi vecina de Mississippi que sacaba de su casa a las cucarachas con una caja de cartón porque matarlas era injusto.
De verdad que me preocupa el medio ambiente, me he vuelto una experta en reciclaje. En mi casa tengo cuatro cubos distintos: uno para el bio, otro para el tetra-pack, otro para el papel y el último para los restos de comida. Las charlas que les doy a mis hijos cada vez que con, o sin intención se equivocan de cubo están siempre cargadas de reproches. Es algo que he aprendido aquí y de lo que estoy muy orgullosa, pero ante situaciones así es inevitable recordar un sketch de Martes y 13 en el que un hombre, responsable de una marca de detergente intenta convencer a una mujer de que compre su marca. La mujer se niega pero él insiste, e insiste tanto que la mujer acaba perdiendo los nervios y diciendo aquello de "no me toque los c...hones, no me to que los c..- ho- es"

viernes, 23 de septiembre de 2011

Ich war hier vor!!



Parece rarita la frase no?? Uno cuando viene a Alemania se aprende el "danke", el "bitte", el "guten Morgen".... Pues muy mal. Lo primero que hay que aprenderse aquí es el "ich war hier vor"
Cuando llegué a Colonia no tenía ni idea de alemán. En España nos creemos que por aquí todo el mundo domina el inglés y por desgracia para mí, eso no es así. Claro, si vas al médico o al colegio no hay problema, suelen hablar bastante bien inglés, pero amigo, si vas a comprar el pan, al súper o a la gasolinera la gente lógicamente habla alemán.
Aquí viene el problema: ¿qué pasa si te encuentras haciendo cola para pagar con tu cara de tonto que no se entera de nada, y se te cuela alguien? Seguramente el color de tu cara cambia del rosado angelical  al rojo vermellón porque por mucho que quieras decirle a la ancianita, no hay manera de explicarle que tú estabas ahí antes, a no ser que sepas alemán. Tampoco puedes discutir con nadie básicamente porque discutir en alemán es un grado que solamente se alcanza después de mucho tiempo y muchas situaciones que sacan de ti el monstruo que llevas dentro. Cuando llegas a un país extranjero lo primero que intentas es ser educado, en primer lugar porque quieres caer bien y que te respeten, pero en segundo porque te sientes como pez fuera del agua y te interesa tener siempre una mano amiga, un aliado que se apiade de ti ante una circunstancia difícil.
Cuando se cuelan delante de tus narices vienen a tu mente miles de expresiones e improperios que soltarías sin pensar pero evidentemente, estos vienen en español, así que lo único que puedes hacer es, conforme vienen, retenerlos en tu interior e intentar traducirlos al alemán, cosa imposible si acabas de llegar, ya que éste es un idioma que solo después de muchos años puedes alcanzar a dominar. Así que date por "colado", cállate y respeta el nuevo turno porque por mucho que hagas, te toca comerte a la ancianita con cara de ángel que muy deportivamente, eso sí, se te acaba de colar.
Cuando empecé con mis clases de alemán, hace ya dos años, y tras varias experiencias que me hicieron necesitar un dominio más amplio de esta lengua, le pregunté a mi profesora cómo se decía en alemán "yo estaba aquí antes". Después de explicarle los motivos de mi interés por tal inusual frase, ella me contó que probablemente se me colaban porque yo soy bajita y no me ven. Yo pensé que aunque soy bajita, no soy transparente y que esta justificación no tenía ningún sentido, pero como acababa de llegar aquí le quise dar alguna oportunidad más a la jungla con la que me reúno en el súper a diario. Me he vestido de rojo, de negro, de azul. Me he puesto una bufanda de colorines y tacones que al andar advierten de mi presencia a cualquiera que pase por mi lado, pero nada. Ellos me ven, claro que me ven. Ni bajita ni transparente. Soy de carne y hueso y ellos me ven. Lo que pasa es que, aunque parezca difícil de creer, los alemanes se cuelan, y además cuando descubres sus intenciones te ponen cara de no enterarse de lo que está pasando.
Lo que más rabia me da es que encima intentan explicarte que son ellos los que han llegado antes que tú. Claro, no saben que yo ya estoy un poco obsesionada con el tema y que cuando entro a la tienda lo primero que hago es un rastreo para saber cuánta gente está esperando y detrás de quién voy yo. Vamos, que a mí es imposible colármela porque me he convertido en una ranger de las colas y las esperas.
Una vez le dije a mi hija que me dijera qué podía decir ante tan desagradable circunstancia. Ella, que domina el alemán, me dijo un montón de frases que yo me aprendí de memoria. No tuve que esperar mucho para usarlas, esa misma semana tuve la oportunidad de hacerlo ante las malas intenciones de una señora, otra vez en la cola del súper. Cuando se me coló, porque llegó a ponerse delante mía sin el menor disimulo, solté por mi boca toda la lección de alemán que mi hija me enseñó. Además lo hice en voz alta, para que todo el mundo me oyera y a esta señora le diera vergüenza. Añadí alguna frase de mi cosecha que aún hoy me cuesta entender cómo pude fabricar yo sola. Supongo que el instinto de supervivencia no tiene barreras idiomáticas y hace que, aún sin dominar una lengua, seas capaz de defender tu espacio, en este caso, tu turno. No creáis que la señora me pidió disculpas, o mostró arrepentimiento. Me miró con cara de no enterarse de nada, y sin abrir la boca retrocedió al lugar que le correspondía. Yo me quedé satisfecha por primera vez después de tantos atentados contra mi corporeidad. Mientras pagaba pensaba una  y otra vez en todo lo que le había dicho a la señora y lo bien que me sentía.
Me he convertido en un animal de supermercado, siempre al acecho de los amigos del puesto ajeno, defendiendo siempre mi turno, a costa de mi propia vida si fuera necesario. Reconozco que quizás a veces exagero, que me he vuelto una desconfiada, pero aunque las heridas cicatrizan, dejan marca y es ésta la que me recuerda siempre que uno tiene que luchar por su lugar en el mundo, o por su lugar en la cola. Así que no me cansaré de decir "ich war hier vor!" "ich war hier vor"!

sábado, 17 de septiembre de 2011

Magia Potagia






Hace unos días terminé de ver un reportaje sobre el cocinero español Ferrán Adriá. Tengo que admitir que los prejuicios hacían que no me interesara en absoluto por este tipo de comida post-moderna que nada tiene que ver con mis manjares favoritos, los huevos fritos con patatas, el entrecot poco hecho o un bocata de jamón.
Hace unos años tuve la oportunidad de asistir a un evento en el que la cocina de Adriá se responsabilizó del cátering. A mí me sonó más a esnobismo que a buena cocina y aunque me interesé por cada uno de los platos que nos iban trayendo, no recuerdo nada que me hiciera pensar que aquello merecía un viaje al Bulli, especialmente por dos razones: una, está en una cala en Rosas a la que llegar no es fácil, de hecho cuando la gente va por primera vez suele pensar que es una broma ya que parece increíble que entre tanta curva y matojo vaya a aparecer por arte de magia el que ha sido varias veces reconocido como el mejor restaurante del mundo; dos, para poder cenar allí, había que hacer una reserva con al menos, un año de antelación.
Cuando empecé a ver el documental que consta de 9 capítulos pensé que sería una buena excusa para llenar las sobremesas entre sueño y sueño así que aunque tenía interés por saber cómo este señor había conseguido las estrellas michelín, no me importaba mucho perderme algún fragmento del reportaje en aras de mi descanso.
No me pude dormir, no pude desconectar ni por un momento de aquella fascinante historia en la que unos alemanes llegan a España en busca de una nueva vida, montan un restaurante, y comienza la historia de una ilusión, de un sueño compartido por muchos pero que solo Ferrán Adriá ha sido capaz de llevar a las más altas cotas de la excelencia y la innovación.
¿Ciencia y cocina? ¿Alguna vez habíamos oído tal binomio? Esta es la esencia del Bulli de Adriá. Aplicar técnicas innovadoras en la elaboración de los alimentos, sin miedo, por el gusto de encontrar nuevas texturas, nuevos sabores, nuevas experiencias sensoriales. Cuenta Ferrán que cuando se le encomendó la tarea de director de cocina del restaurante, quería darle su toque personal, por eso viajó a Francia donde un conocido cocinero francés a la pregunta ¿qué es crear? le respondió, "crear es no copiar". Obsesionado por esta idea se despojó de los convencionalismos que la alta cocina imponía, deshizo las ataduras de la nouvelle cuisine que había reinado durante años en El Bulli y empezó a investigar.
Así surgió un menú lleno de sorpresas y experiencias para disfrutar con los cinco sentidos, y digo bien, con los cinco. Comenzando los primeros años por una vuelta a la cocina mediterránea en busca de los sabores típicos de la tierra, y terminando en los últimos tiempos por aplicar auténtica ciencia en sus fogones, transformando una simple remolacha en una lámina translúcida, delgada y sugerente con más sabor a remolacha que la propia remolacha, o creando lo que ellos llaman raviolis, que son unas perlas formadas por una finísima película transparente que en su interior contiene la esencia de algun producto como el guisante produciéndose una explosión de sabor al entrar en la boca y romperse.
Aunque efectivamente todas sus técnicas son innovadoras y rompedoras lo que hace a Ferrán Adriá un auténtico artista es que parte de una idea, de un trabajo intelectual. En su caso, esa idea no es un sabor o  una textura, sino un concepto. Supedita técnicas a conceptos porque lo que busca con su cocina es transmitir un mensaje, una idea. Esto es arte, lo fue en el S. XV cuando se comenzó a reivindicar el carácter intelectual de la profesión de artista, y lo es hoy.
Para mi desgracia El Bulli está cerrado y seguirá estándolo. No abrirá más sus puertas al gran público porque se convierte en una fundación. Tengo la sensación de haberme perdido algo grande y que dentro de muchos años hablarán de lo que supuso El Bulli en la historia del arte y que, aunque compartí con él tiempo y espacio, no fui una de las pocas privilegiadas que pudieron disfrutar de la experiencia del arte efímero que crea Adriá.
Aunque no anda falto de reconocimiento y prestigio mundial no es esto lo que me fascina del personaje y de la historia del restaurante. Me quedo con la historia de amor y desamor de sus fundadores, también con la humanidad que con "la alemana" han demostrado los que entre plato y plato no han defraudado  las necesidades de una anciana, y desde luego me quedo con Ferrán Adriá, una persona que nace de la nada, sin pretensiones de ser cocinero y cómo, a pesar de la incomprensión de los cocineros franceses tan acostumbrados a premios y galardones, ha conseguido cambiar Francia por España como nuevo centro generador de ideas en la alta cocina. Es un ejemplo de persona expectante ante lo que la vida le pone en su camino y cómo amoldarse a ello y triunfar. Su actitud es un ejemplo ante cualquier circunstancia de la vida. Significa hacer algo sublime con lo más ordinario, conseguir lo exquisito partiendo de lo más mundano.¡ Es magia potagia!





domingo, 11 de septiembre de 2011

No se estila



"No se estila ni mi peinetón ni mi pasador, dicen que no se estila no no, ni mi medallón ni tu cinturón, yo sé que se estilan tus ojazos y mi orgullo, cuando voy de tu brazo por el sol y sin apuros" "No se estila, ya sé que no se estila, que te pongas para cenar jazmines en el ojal"


Nostálgicos, así se les llama a los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. La historia nos dice que no siempre es así sin embargo, ¿qué nos hace a muchos pensar que nuestro presente no cumple con nuestras espectativas?¿Qué hace que añoremos los tiempos sin prisas y las flores de jazmín en el ojal?
Mi abuela ya hablaba de su época con añoranza. Era una época en la que se celebraban los santos con grandes comilonas y las sobremesas se hacían eternas entre pasteles, vino dulce y risas. Épocas en las que la palabra tenía valor y por lo tanto, tener un novio significaba un preacuerdo matrimonial así como pedirle salir a una chica, pasaba obligatoriamente por el consentimiento paterno.
Todavía me sorprende cuando veo en películas de los años 50 ó 60 cómo los caballeros vestían traje de chaqueta a diario y las mujeres usaban sombrero o tocado. Eran épocas donde un hombre cedía el paso a una mujer y le colocaba el abrigo sobre los hombros antes de salir a la calle. Se apreciaba el concepto de caballero, considerado como un hombre de honor y palabra con buenos modales y educación.
La autoridad era un concepto respetado y respetable, sin tener nada que ver con lo que hoy en día se considera autoridad, que más bien se confunde con autoritarismo. Me quedo con la tercera acepción que de este término hace la RAE y esto es "Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia". ¡Cuán lejos estamos hoy de esto si pensamos en nuestros ancianos o en nuestros profesores!
No existía el correo electrónico, así que tocaba hacer buena letra y escribir a la familia o tu novio para mantener una comunicación fluída. Era poético echar una carta perfumada al buzón, pero aún lo era más esperar día tras día la contestación, ir al buzón y hasta sudar de emoción cuando a través de la ranura se leía el remite. Era carta de él.
A veces viendo películas de época siento la tentación de considerar a esa gente mejor que nosotros. Sé que no es así, pero sí creo que vivían con más poesía que nosotros.  Lo nuestro es pura prosa y cuando aparece algún endecasílabo se le considera un verso suelto, más bien discordante. La mafia tenía estilo asesinando con traje y sombrero puesto, las historias de amor parecían de más amor, las rupturas parecían más dramáticas, los engaños más traicioneros, y hasta el queso parecía que supiera más a queso.
 Recuerdo los veranos en casa de mi abuela y como por las noches cogíamos una silla y nos salíamos a la calle a tomar el fresco con los vecinos. Eran momentos de hablar de las cosas del día, pero también de recordar historias de la gente del pueblo que a mí me parecían mágicas. Yo siempre quería saber hasta los detalles más íntimos pero con un "no me acuerdo nena" mi abuela zanjaba el asunto, seguramente porque la respuesta a mis preguntas no era apta para una niña de mi edad. También recuerdo a mi abuelo salir a darnos sustos, o a contar algún chiste de Quevedo, de los que por cierto no he vuelto a oír hablar.¡ Y cómo nos reíamos!
¿ Dónde ha quedado todo esto? Se ha ido diluyendo entre atascos en el coche, carreras por encontrar un aparcamiento, escapadas al burguer porque no hay tiempo de hacer la cena. Se ha ido diluyendo entre programaciones televisivas, x-box, visitas al gimnasio, cursos de idiomas.
El hecho de que vivimos en una sociedad acelerada no es una idea nueva, ni siquiera mía. Es obvio que la velocidad con la que suceden las cosas en la actualidad está por encima de lo que el hombre puede asumir. Esto no tendría nada de malo si no fuera porque la velocidad y el buen hacer de las cosas están reñidos. No se puede hacer nada rápido y bien, como no se puede vivir rápido y bien, o lo que es lo mismo, saboreando cada día, cada mañana, cada comida, cada beso y cada adiós, ¡si es que hasta las despedidas se hacían con rima!
Incluso ahora mismo, mientras escribo este post, mi hijo está contentísimo porque el Real Madrid ha ganado la súper copa en la X-Box!! Y yo pienso, ¿te imaginas si hubieras ganado un torneo cualquiera con el equipo de tu barrio? ¡Eso sí es saborear una victoria, eso sí es vivir la vida!
¿Hay solución? Pues me temo que no. Me temo que esto es el curso natural de la Historia y que a cada uno le toca vivir una época y que la nuestra es ésta. Lo que no sé es adónde nos lleva este ritmo porque lo que parece claro es que tendemos a la dehumanización de la sociedad y a la vida virtual. Si pienso que hay gente que comparte calle, incluso tabiques durante años y no se conocen, me doy cuenta cómo de deshumanizados estamos.
Convendría aprender a bailar el tango, usar palabras bonitas, tener gestos caballerosos. Convendría aprender a cocinar y juntarse con las vecinas para hacer pastas. Convendría saludar cada día a los vecinos y cuidar de nuestros mayores. Convendría escribir más cartas de amor y menos correos electrónicos. Esto es puro idealismo, no se puede vivir así hoy en día, pero.... sería bonito. Yo diría como en la canción de MªDolores Pradera:"desde luego parece un juego pero no hay nada mejor que ser un señor de aquellos que vieron mis abuelos"





sábado, 10 de septiembre de 2011

11-s






Ya han pasado 10 años desde aquel 11-s que cambió el mundo y que convirtió a los norteamericanos en un pueblo vulnerable. Fue el día en el que el terrorismo irrumpió con fuerza en un escenario nada convencional, entre agentes de bolsa, ejecutivos agresivos, trajes de chaqueta y tacones. Entre tiendas de Gap, Tiffany´s, Starbucks, Macy´s, y el Soho. Entre barras y estrellas y el "Amazing Grace".
Ya estábamos acostumbrados a ver atentados terroristas destruir edificios y matar a gente por decenas. En Irak, en Israel, incluso en España, pero nunca pensamos que esto podría pasar en Nueva York, la ciudad de los musicales, el corazón cultural de Estados Unidos.
Está claro que todos recordaremos dónde y cómo supimos de la catástrofe por primera vez porque fue algo tan impactante que es difícil no recordar dónde pensamos, también por primera vez, que quizás el imperio norteamericano estaba dejando de ser un imperio. Herido en lo más profundo de su corazón, a traición y sin preaviso, ¿o sí?
Los días posteriores al gran atentado todos queríamos saber cuánta gente había muerto, o queríamos oír alguna historia de algún superviviente, o las llamadas que se hicieron desde el vuelo de la United. Es el morbo que acompaña al género humano y que en estos momentos se exacerba. Después, casi sin darnos cuenta empezaron a oírse voces que negaban lo que en todos los telediarios y periódicos del mundo se aceptaba como versión oficial.
La primera vez que oí los argumentos conspiranoicos mi cerebro sufrió un cortocircuito. Para mí era imposible que detrás de todo aquello hubiera un gobierno conocedor de la amenaza terrorista, adoptando una postura pasiva en busca de una excusa para entrar de nuevo en Irak. Sin embargo son miles los que siguen dando por cierto que un avión no es capaz de derrumbar una torre como las de NY, o que los aviones cazas fueron los que realmente abatieron el vuelo de la United.
Después vino Oriana Fallaci. Ella, una periodista italiana que residía en NY, escribió, con las cenizas de las torres aún en suspensión, un artículo titulado la Fuerza y el Orgullo que posteriormente dio lugar a un libro con el mismo nombre. Me lo leí en un día. Hablaba de orgullo y de fuerza, pero lo que me gustó fue cómo criticaba la actitud de muchos de sus paisanos italianos alegrándose por el ataque que acababa de recibir Estados Unidos. Sé que en España ocurrió lo mismo y que hubo gente que pensó que los americanos se lo merecían.
Yo acababa de instalarme en España después de cuatro años viviendo en Norteamérica así que me sentía identificada con el sentimiento de dolor de los americanos y me conmovía oírlos hablar entre sollozos y con las caras manchadas de ceniza. Me sentí americana, más que nunca. Me sentí orgullosa de haber compartido el 4 de julio con ellos, el Patriot´s day, o el Veteran´s day. Y me repugnaba, y aún me repugna, el sentimiento anti americano instalado en nuestra vieja Europa. Una Europa decadente, sin ideales, sin rumbo, sin orgullo, sin banderas.
Está claro que un pueblo se une cuando comparte enemigos. Europa se unió contra Hitler, contra los turcos, contra las invasiones musulmanas medievales. Pero ahora, ¿qué nos une?. Cada vez está más claro que el euro no.
En estos diez años hemos podido oír voces discordantes de muchos norteamericanos en contra de su política exterior. Supongo que están cansados de gastar dólares de los contribuyentes en empresas lejanas. Tampoco voy de ingenua, si van a Irak es porque hay petróleo, pero al fin y al cabo, son ellos los que han acabado con Sadam o Ben Laden. No lo hacen solamente por la democracia y la libertad, esto está clarísimo, pero los soldados norteamericanos destinados en Oriente Medio no piensan en petróleo cuando pasan meses fuera de su casa. Recomiendo una película llamada "Black Hawk derribado" para entender un poco más qué hay dentro de la cabeza de un soldado en territorio hostil.
Siempre envidié al pueblo americano por el orgullo con el que oyen su himno, por cómo se unen ante la adversidad y por su sentido de estado. Son síntomas de un pueblo joven y con fuerza. Europa también fue así aunque cueste imaginarlo por eso en vez de criticar la prepotencia yanky mientras nos tomamos un café en Starbucks o nos comemos una hamburguesa en Burguer King, deberíamos mirarnos a nosotros mismos y buscar qué nos hemos dejado por el camino de la historia para llegar hasta donde hemos llegado. Deberíamos hacer autocrítica y buscar qué nos une. Y cuando lo encontremos, luchar por esos ideales. Aunque hay políticos que piensan que la economía lo es todo, siempre he pensado que lo que mueve a las personas son los ideales y nuestro problema es que estamos carentes de ellos.
Durante estos días veremos actos de conmemoración de aquella fatídica fecha, y en esos actos veremos también a muchos norteamericanos unirse bajo el dolor y el recuerdo de sus compatriotas. Dará igual si en aquel momento gobernaban los republicanos o los demócratas. Dará igual porque si algo tienen claro es que son norteamericanos, unidos bajo una misma bandera y unos mismo ideales.
God bless America!


viernes, 2 de septiembre de 2011

Columbus on my mind






La Magnolia es la flor de Mississippi, un estado situado en el sureste norteamericano y que forma parte del cuadrante considerado "Deep South", un concepto muy amplio y de tono despectivo que abarca algunos estados norteamericanos (Lousiana, Alabama, Tennessee, Mississippi, Georgia, South Carolina). Probablemente cualquiera podría citar alguna característica de esta zona debido a series como Norte y Sur, o a la película Lo que el viento se llevó.
Recuerdo que cuando les decía a mis amigos de Colorado que mi próximo destino era Mississippi me compadecían porque lo único que ellos veían eran unas altas tasas de analfabetismo y una economía deficitaria.
Lo cierto es que mi primer contacto con los lugareños tuvo lugar durante la mudanza. Yo tenía que apuntar en un registro los número de las cajas que los hombres metían en la casa y para agilizar la cuestión, ellos mismos me los iban diciendo en voz alta. En ese momento me di cuenta de que quizás el año que pasé en Colorado no había servido de nada, definitivamente, o no tenía ni idea de inglés o esta gente hablaba muy raro.
En general, en todos los estados sureños suele llover mucho durante la primavera y el verano, recuerdo tormentas impresionantes, siempre con aparato eléctrico que nos obligaban a salir de la piscina por riesgo de morir entre brazada y brazada. También recuerdo las amenazas de tornado y como se interrumpía la emisión televisiva para avisarnos del "Tornado Warning".
Durante los meses cálidos, mi vecina, gran amante de los animales, ponía todas las noches un poco de comida para un armadillo, animal típico del sur de EEUU, que venía cada día puntual a su cita. Tuve envidia y yo también acostumbré al armadillo a venir a la puerta de mi casa cada noche. Aquel armadillo fue la diversión en las noches veraniegas de Columbus MS porque siempre esperábamos a que llegara, se zampara la lata de comida y luego nos salíamos a jardín a mirar las estrellas. Este bichejo era interesante, pero todavía no he olvidado las cucarachas tamaño jumbo que sobrevolaban nuestras cabezas más a menudo de lo que nos hubiera gustado, pero es que con tanta lluvia y tanto calor, aquel era su paraíso.
Allí también aprendí lo que era el country, no porque fuera típico del lugar, que no lo es, sino por mi vecina Lani, una chica de Wichita Falls TX, quien hizo de Cicerone en muchas ocasiones. A partir de aquel momento empecé a escuchar country como una posesa, me sabía todas las canciones y sus letras que por cierto, son lo más divertido del country. La música típica del sur sin embargo es el cajun, nombre que también se refiere a la gastronomía típica sureña. Dentro de esta gastronomía se incluyen los camarones y el alligator, o caimán, así como la pecan pie, que es una deliciosa tarta de nueces pecan la cual me negué a probar durante meses hasta que un día no tuve más remedio que devolver un cumplido y probarla. Desde ese momento se convirtió en mi favorita, junto con la tarta de zanahoria.
Desde luego Columbus era un pueblo pequeño cuyo mayor mérito había sido ser el lugar de nacimiento de Tennessee Williams, el escritor de la novela "La gata sobre el tejado de cinc", así como ser una de las cunas de la aviación militar norteamericana por la base del Air Force allí situada. A pesar de esto, contaba con algunos restaurantes en los que se comía de maravilla y que ofrecían un servicio excelente, lo cual es una característica más de estas amables gentes del sur. Recuerdo el Front Door, y su ensalada de mandarinas, almendras y salsa de yogurt, también el Rubens y su catfish, o el grandioso Old Hickory famoso por sus increíbles t-bones asados a la brasa, todavía me acuerdo del hombre que movía contínuamente las brasas y los filetes para sacarlos en su punto justo. Además en el Old Hickory no había menú, solamente elegías qué tipo de carne querías, ya que la ensalada de primero venía incluida en el precio del filete. Tampoco había postres. Solo carne y muchos "rednecks" comiendo de lo lindo. Tampoco puedo olvidar el Profit´s Porch, un restaurante situado junto a un lago y donde hacían la mejor pecan pie de la zona.
Por ser una zona muy lluviosa, es un lugar pantanoso donde los alligators tienen la oportunidad de vivir en su hábitat natural. Cuando me hablaban de esto a mí me sonaba a documental de National Geographic, sin embargo más de una vez me recomendaron no meterme por caminos pantanosos porque los alligators están al acecho y todos los años hay heridos por culpa de este simpático animal.
La Waverly Mansion era una enorme plantación que funcionó hasta principios del siglo XX. Hoy en día es una atracción representativa de lo que fueron estas plantaciones tìpicamente sureñas. Corría la leyenda de que un fantasma rondaba el lugar y que los propios trabajadores del inmueble subían al primer piso lo menos posible porque es ahí donde más le gustaba jugar a la entidad sobrenatural. Es un lugar mágico de Columbus porque representa lo que hemos visto en tantas películas o series sobre la guerra de secesión norteamericana, o el ku klux klan.
Aunque Columbus no tiene grandes atracciones turísticas, está en lugar privilegiado que te permite visitar Nueva Orleans y su Bourbon St, Atlanta y el museo de la Coca-cola, Memphis y Graceland o la Beale St, e incluso las playas del Golfo de Méjico siempre teniendo en mente a los hambrientos tiburones. También está muy cerca de ciudades no tan conocidas como las ya mencionadas pero que para nosotros se convirtieron en visitas obligadas cada fin de semana: Tupelo, ciudad donde nació Elvis en el estado de Tennesse, y Birmingham en el estado de Alabama, donde acudíamos de compras a "The Summit".
Del tiempo que vivimos allí solo tengo buenos recuerdos y aunque viajé por grandes ciudades del país, mi corazón siempre guardará un lugar especial para este pequeño pueblo del deep south ........, que aunque efectivamente está en el "south", desde luego no es tan "deep" ................."Columbus always in my mind" and in my hearth.