sábado, 8 de octubre de 2011

Read here!




La rivalidad entre minorías raciales es algo que quizás nosotros no apreciemos en España pero que es un hecho en países como EEUU donde entre hispanos, afroamericanos y asiáticos se reparten el pastel.
Cuando viví allí no tuve la sensación de formar parte de ninguna minoría por más que en tiendas y supermercados se empeñaran en encasillarme como hispana. "Are you from Mexico?" era la pregunta más frecuente que solían hacerme. A mí esto me ponía de los nervios y me empeñaba en explicar que no, que yo era de España en Europa. Esta aclaración es importante porque me a mi chico le llegaron a preguntar si a España se iba en coche.
Yo me sentía española, europea y desde luego no sentía aversión por ningún miembro de las minorías mencionadas.
Al llegar a Columbus AFB, MS nos aficionamos al video club de la base, ya que con un niño pequeño y un bebé pasábamos muchas tardes en casa y las películas de turno nos ayudaban a matar las horas y a mejorar nuestro inglés. La primera vez que fui a por una película la vi. Era negra, delgada, no muy alta. Era altanera y orgullosa y nunca gastaba conmigo más de dos palabras, una para pedirme el id (identificación), y la otra para darme las gracias. Siempre pensé que le caía mal porque mientras que conmigo era fría y distante, pude presenciar la amabilidad que gastaba con otros clientes, especialmente los que llegaban vestidos de uniforme.
Uno de esos domingos mississippianos mi marido me sugirió alquilar una película así que sin pensarlo me subí al coche y me fui al shoppette que es como se llama la el sitio donde pones gasolina, compras alcohol y alquilas pelis dentro de una base militar. Me llevó mi tiempo elegir película porque a esas alturas ya las habíamos visto casi todas pero finalmente escogí una y me dirigí al mostrador . Allí estaba ella. Me miró, cogió la funda de la película que yo quería sacar y se puso a teclear en el ordenador. Me pidió el id y siguió tecleando. Entonces se giró hacia donde yo estaba y me dijo: señora, hay una película que usted no ha devuelto.
Para aquel entonces estaba muy claro que no nos gustábamos así que pensé que acababa de encontrar la razón para manifestar abiertamente su antipatía hacia mí. Yo le dije que no podía ser, que yo limpiaba mi casa y conocía hasta el último rincón de ella y que era imposible que hubiese una cinta de vídeo escondida por ahí. Ella insistió en sus argumentos porque lo decía el "computer" y se negó a darme una nueva película hasta que devolviera la que aún no había devuelto. Me di cuenta de que no había nada que hacer así que con el rabo entre las piernas cogí el coche y me fui a casa.
Cuando llegué, le conté a mi marido lo que había pasado explicándole lo maleducada que había sido conmigo lo cual le hizo sentir la necesidad de ir a hablar con la videoclubera para defenderme. Su conversación fue mucho más relajada que la mía y según mi marido ella era una chica majísima y educada. Lo típico. Por lo visto la negrita le había contado que yo le había gritado y que por eso ella había actuado así.
Cuando mi marido vino y me contó lo sucedido empezó a salirme lava por la boca, la nariz y los oídos. Me encendí como un volcán y cual posesa cogí el coche y me dirigí de nuevo al videoclub. Ahí fue cuando le grité, además se lo dije así mismo: "esto es gritar, esto" ¡Me sentó tan mal que intentar congraciarse con mi marido y que él se tragara sus argumentos! Obviamente ella me contestó en un tono parecido lo que me enfureció aún más así que solo se me ocurrió decir lo que por aquellos lares dicen los quejosos: "I want to see your supervisor" (quiero ver al supervisor). Bueno, este fue un momento glorioso para ella porque aunque yo tardé en darme cuenta, ella no paraba de decir "read here! read here!" Lo que pude leer ahí es que ella era la supervisor así que otra vez bajé el tono y me fui, no sin antes explicarle que me importaban un pepino sus amenazas, que al fin y al cabo yo no tenía hoja de servicios ni nada por el estilo y que si no podía sacar más películas esto solo duraría un año más porque yo volvería a mi país.
De nuevo volví a casa, esta vez un poco más calmada porque de alguna manera había descargado el cabreo con ella. De nuevo le conté a mi marido lo que había pasado y de nuevo él decidió ir a hablar con ella.
Fue en el trayecto de nuestra casa hasta el video club donde en la mente prodigiosa de mi marido se encendió la bombilla. Pasó su mano por un cajón situado bajo el asiento del acompañante y..... voila! ahí estaba la dichosa película. Entonces recordó cómo había sido él quien la puso ahí y también cómo se olvidó después de devolverla.
Le explicó a la negrita que yo no sabía nada y que todo era culpa suya.
Cuando me lo contó le hubiera matado. Me había hecho quedar como una auténtica imbécil y encima él acababa de ganar una nueva amistad porque ella "era majísima".
Tardé en volver al shoppette a por una película aunque cuando lo hice nunca me encontré con ella, Dios se apiadó de mí.
La explicación a esto me la dio mi vecina Lani. Ella me dijo que los negros, tan abundantes en estados como Mississippi, se sentían vulnerables ante la llegada de tanto inmigrante hispano y que de alguna manera se había desatado una guerra silenciosa entre estas dos minorías. Que a los negros no les gustan los hispanos y punto. Es gracioso como cambian las cosas, cuando hace poco más de 60 años eran los negros los que tenían asignados asientos en los autobuses.
En cualquier caso, esto es un ejemplo de lo que no se debe hacer. Saber envainar a tiempo es siempre una virtud. Se trata de perder una pequeña batalla para ganar la guerra. Cuesta asumir que eres la perdedora pero cuanto antes lo asumes y rectificas, mucho mejor.
La teoría de la "rivalidad entre mujeres" también cabe en esta historia pero esta prefiero que cada uno la desarrolle a su antojo.
De esta experiencia aprendí sobre todo que no puedo llevar razón siempre simplemente porque no controlo todas las variantes, hay detalles que se me escapan (mi marido y su memoria). También aprendí que da igual lo maja o amable que te muestres con una persona, si le caes mal no puedes forzar la situación.
Y sobre todo...... ¡la que se montó por una película! ¿Mereció la pena? Siempre pensé que no, sobre todo por la vergüenza que pasé, pero ahora mismo no estoy tan convencida de ello ya que me ha servido para escribir un nuevo post en mi blog e introducir así el tema de los negros y los hispanos en USA. Es como decía Steve Jobs, todo cobra sentido cuando miras hacia atrás.

2 comentarios:

  1. Es un relato delicioso, quizá el que más me ha distraído y además tiene más de un mensaje, relación entre mujeres (tema demoníaco donde los haya) maridos despistados, me imagino lo que le dirías aunque es demasiado listo para inmutarse y sobre todo antagonismo racial aunque dices que eso no ocurre en España y no es así, es un tema cada vez más complicado, sobre todo en los sitios donde hay exceso de multiculturalidad y se está generando un rechazo muy peligroso hacia los inmigrantes que tienen trabajo cuando llegaron porque los necesitábamos.
    Muy bien la prosa y el léxico coloquial que es lo que hace que uno te lea. Muy bien ¡¡

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  2. Bueno habrá que aprender a ser HHin por esos lares y vivir con hielo en las venas.

    No vaya a ser que te llaman un día La Luterana y no precisamente en referencia por El Lute

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