Esas horas en las que alguien lucha hace su tránsito de este mundo a otro....
Me recuerdan a los momentos entre la noche y el día, esos en los que aunque la oscuridad puebla la inmensidad del cielo, se vislumbran los primeros trazos de luz, dibujando todo lo que tocan, las nubes o el skyline de la ciudad.
Son instantes de silencio, en los que parece que no pasa nada y sin embargo sucede todo.
Es una lucha sin cuartel, es un viaje sin parada de descanso en el que hagas lo que hagas, irremediablemente saldrá el sol.
Cuando conoces a alguien que está librando esa batalla no sabes muy bien de qué lado ponerte. La lucha a veces es tan dura y descarnada que una rendición se hace inevitable.
Para muchos es un paso a la oscuridad, sin embargo para otros es todo lo contrario, es el paso al mundo de la luz, donde ya nada puede hacerte daño.
Mientras tanto el silencio me parece la nota más sonora de esos instantes. Sabes que estás presenciando un momento sobrenatural, sublime, y por eso no te atreves a pronunciar una palabra.
Son los últimos minutos, los últimos segundos...
Pero también son los primeros, y yo me pregunto.... ¿qué se ve, qué se siente en esos momentos?
Probablemente se parecen a los minutos del sueño en los que estás a punto de despertar. Cuando por fin abres los ojos recuerdas que tuviste un sueño y solo llegan a tu mente imágenes difusas de la historia en la que estabas sumergida unos instantes antes, pero ya no eres capaz de recordar el argumento con claridad.
Cuando estoy nadando mi mente está más clara que nunca, sin embargo mis sentidos de la vista o del oído están mermados por el efecto del agua. Quizás también se parezca a esto.
En cualquier caso, es una metamorfosis, como la del gusano en mariposa, y eso me hace recordar un cuento que oí hace tiempo:
"Había tres gusanos, uno de ellos era optimista, el otro realista, y el último pesimista. Cuando empezaron a tejer el capullo el pesimista, muerto de miedo, pensaba que sería el fin; el realista pensó que quizás esto sería una metamorfosis más de su corta existencia; el optimista sin embargo estaba seguro de que el cambio sería a mejor y lo esperaba con ilusión. Cuando por fin se abrieron los capullos, salieron tres preciosas crisálidas. El gusano realista pensó, "ves?, no era el fin", y salió arrastrándose por el suelo sin hacer uso de sus preciosas alas. El gusano pesimista sintió tanto miedo al cambio que se murió. El optimista sin embargo, al salir del capullo pensó, "lo sabía, sabía que este cambio sería a mejor", y desplegó sus alas y comenzó a volar".
Los cambios nos horrorizan, luchamos por no cambiar nada para que todo siga igual. Sin embargo son los cambios los que nos dan la oportunidad de crecer, de nacer de nuevo, de ver con otros ojos y oír con otros oídos.
Es duro ver a alguien partir, seguro que todos conocemos a alguien que ha pasado por ese trance, pero nuestro deber es contarles la historia del gusano optimista para que, llegado el momento, puedan desplegar sus preciosas alas y volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario