Supongo que él ni recuerda este episodio de nuestras vidas, entre otras cosas porque charlas de estas hemos tenido decenas.
La cuestión es que se aproxima el momento y ya estamos a un escalón de alcanzar el preciado tesoro. Muchos se preguntarán por qué hablo en primera persona del plural... Acaso también es mi sueño? Esto me hace recordar el momento de su nacimiento, más concretamente unas horas después, cuando me lo trajeron a la habitación del hospital. Lo recuerdo perfectamente porque tuve la sensación sobrecogedora de que a partir de ese instante, nunca me podría desentender de aquel bebé. De que mi felicidad estaría para siempre ligada a la suya. De que mi plenitud emocional nunca podría caminar sin vigilar la sombra de la suya. Y digo sombra, y digo bien porque eso es ser madre para mi, siempre un paso por detrás, siempre vigilando escondida. Las palabras que más le repito últimamente son "vete sin mirar atrás". No puedo negar que cuando las digo y resuenan en mi interior, mi corazón se desgarra, se le abre una grieta nueva, cada vez. Pero también eso es ser madre para mí.
Juntos hemos vivido la derrota, las renuncias, la desesperación, la remontada, los primeros éxitos. Juntos hemos compartido sobremesas de confesiones, de llantos, de risas. Juntos hemos desnudado nuestra alma frente al otro, sin clichés ni estereotipos. Y juntos llegamos a este momento del que tanto hemos hablado en nuestra pequeña y humilde cocina, aperitivando (como dice él), o compartiendo helado de postre.
Y cuando yo tengo la sensación de que todo esto se acaba, la realidad es que para él, todo comienza ahora. A mi siempre me quedará escuchar el Tunnel of Love o el Local Hero de los Dire Straits,o ver el vídeo de Chris Hadfield interpretando a David Bowie desde el espacio para sentir que lo tengo cerca. Materializar tantos anhelos es algo que le corresponde a él solo.
Siempre le hemos dicho que es un superviviente, y lo es. Le ha tocado escapar de situaciones más que difíciles, pero cuando como madre me hubiera encantado poder ahorrárselas, ahora me doy cuenta de que todos esos malos ratos han forjado el carácter de un luchador, y sobre todo, de un soñador. Un niño que soñó y que no permitió que nadie le despertara de su sueño.
Sigue soñando hijo mío, el mundo es de los soñadores y no permitas nunca que te digan lo contrario. Mantente siempre "Five miles out" como reza el título de este blog. Solo quien es capaz de imaginar grandes logros, es capaz de conseguirlos. Esos que hablan de poner los pies en el suelo se pasarán la vida arrastrándose por la superficie, mirando con envidia a los que como tú, decidieron volar.


