¿Te aburre lo cotidiano? ¿Quieres un poco de romanticismo en tu vida? ¿Ya se te ha olvidado cómo decir "te quiero" con una simple mirada? ¿Quieres volver a pasear de la mano con tu chico y sentir que eres la persona más afortunada del mundo?
¡Vete a Nueva York! No lo pienses más, no esperes a que vengan mejores tiempos y actúa. Compra el billete más barato y alquila la habitación más cara que puedas. Llévate un vestido negro y unos tacones con los que poder caminar elegantemente entre la jungla que puebla la Gran Manzana. Llévate ese perfume que sabes que a él le gusta y un conjunto de lencería digno de un romance apasionado.
Si tienes la suerte de que tu avión te deja ver Manhattan en su aproximación final, mira hacia afuera y olvídate de las indicaciones de la tripulación sobre el cinturón de seguridad, sobre apagar los móviles y todos los dispositivos electrónicos, o la temperatura exterior. Tú mira hacia afuera y disfruta de la vista pensando que en pocos minutos formarás parte de la vida neoyorkina. Verás que alguien te saluda y cuando fijas la mirada te das cuenta de que es ella, la Estatua de la Libertad diciéndote "Welcome to New York darling".
No pierdas la ocasión de escuchar el New York New York de nuestro querido Frank mientras vas en el taxi, te aseguro que ese es el momento en que te empiezas a creer que estás allí.
Respira profundamente, cierra los ojos y disfruta del momento. Estás en Nueva York, caminando entre la gente que cruza a toda prisa la Quinta Avenida, entre los conserjes que piden taxis para los huéspedes de los hoteles, entre los puestos de hot dogs, los vendedores de rutas turísticas. Lo ves, lo sientes y aún así no eres capaz de concentrar toda la información que captan tus sentidos.
Una vez allí puedes hacer tantas cosas, hay tanto por ver que es imposible no estresarse decidiendo qué cosas son imprescindibles, sin embargo lo único imprescindible es que tu compañía sea la adecuada. Si eliges bien, Nueva York siempre es un acierto porque todo te parece mágico, todo lo que has visto en cientos de películas te está pasando a ti y ese sentimiento te hará sentir especial. Yo no soy de esas turistas con mapa en la mano tratando de ver todo lo posible en un día y de la manera más económica posible. Mi manera de "turistear" es la de "a ver qué nos enseña esta ciudad hoy". Así he ido descubriendo rincones insospechados como un restaurante cerca de nuestro hotel donde sirven una carne impresionante y con un ambiente muy típico de "El Padrino".
Por supuesto recomiendo subir al Empire State, aunque solo sea por ver dónde Cary Grant y Devorah Kerr planearon una cita en "An affair to remember", o dónde Tom Hanks encuentra a Meg Ryan en "Sleepless in Seattle". Desde luego un viaje en barco a la Estatua de la Libertad mientras disfrutas de una romántica cena con música de jazz de fondo es una apuesta segura. Pero de todas mis experiencias en NY me quedo con Broadway, el Majestic Theather y su Phantom of the Opera. Experiencia única, irrepetible, embriagadora, inolvidable. Solamente necesitas tener a alguien a tu lado a quien coger la mano en los momentos más intensos de la función, alguien a quien decirle todas las cosas que Christine le dice a Raoul solo con una mirada, entre la oscuridad que inunda la platea del teatro.
Esta ha sido mi segunda vez sin embargo, aunque la primera tuvo el factor sorpresa, eran tantas las experiencias nuevas que estaba viviendo por aquel entonces que no supe disfrutar de cada momento vivido. Ahora, dieciocho años después puedo decir que he vivido el Nueva York de las películas, que el encuentro en Central Park de Tom Hanks con Meg Ryan en "You´ve got mail" lo he vivido yo, solamente que aquello es una película y lo mío es real. Mi Tom no se llama Tom, ni yo me llamo Meg, pero nuestra historia de amor no es una ficción y acaba de escribir su nuevo capítulo, "An affair to remember"
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