Los mercadillos navideños son toda una atracción turística en Alemania. La verdad es que se lo curran, todo lleno de lucecitas, puestos donde venden todo tipo de artículos para decorar la casa o incluso a uno mismo.
Conforme te vas acercando te llega el olor a salchichas o chuleta de cerdo a la parrilla, o a crepes calientes, o a glüh wine, o vino caliente que aunque es la bebida más típica para calentarse el cuerpo en estos mercadillos, no es la única ya que la cerveza, aunque fría, también se sirve caliente. Reconozco que esa variedad no me he atrevido a probarla porque si algo tiene de particular para mí la cerveza, es su temperatura y para mí una cerveza tiene que estar muuuy fría. Esta característica solamente es comprensible dadas las temperaturas a las que te enfrentas una vez que has decidido ir al mercadillo navideño. Recuerdo el año pasado en el mercadillo del Alster en Hamburgo. No había pasado más frío en mi vida, hacía tanto frío que se me congelaron los labios y perdí la capacidad de vocalizar correctamente así que tuve que dejar de hablar, con lo que me gusta a mí hablar!.
Este frío justifica de sobra bebidas como el glüh wine o la cerveza caliente ya que de otra manera no puedo comprender cómo se beben semejante potingue. Este vino caliente es la típica bebida a la que, cuando le das el primer sorbo, ya sabes que te va a sentar fatal, y no te cabe la menor duda de que en unas horas tendrás un dolor de cabeza de órdago. Yo solo la probé el primer año en Colonia, por aquello de probarlo todo, pero cuando había bebido la mitad del vaso, lo dejé por alguna mesa vacía y medio escondido porque no quería ofender a los alemanes que nos llevaron al mercadillo y que estaban empeñados en que probáramos el dichoso vinito.
Este año hemos ido al mercadillo de Lübeck, una ciudad medieval que está a cuarenta minutos de Hamburgo. Se da la circunstancia de que esta ciudad fue bastante respetada por los bombardeos ingleses en la Segunda Guerra Mundial así que conserva parte de su belleza original. El mercadillo nos gustó bastante en primer lugar porque aunque al salir de casa caían chuzos de punta, por algún conjuro mágico, al llegar a Lübeck el cielo estaba totalmente despejado y la temperatura era un auténtico regalo de Dios, 8º es un regalo dadas las fechas por las que pasamos.
Los alemanes son amantes de las luces tenues y en cualquier ciudad por la que circules en horas de luna puedes mirar al cielo y distinguir estrellas, de hecho la luna parece brillar con más intensidad por estas latitudes, y la razón no es otra que lo poco iluminadas que tienen sus calles. Esta característica, unida al pasado medieval y bien conservado de Lübeck confiere a este mercadillo una autenticidad muy agradable, de hecho hay calles del mercadillo que solo se iluminan con velones. Supongo que este hecho debe ser la pesadilla de una madre con niños pequeños porque si se te escapa el chiquillo de la mano vas lista si piensas encontrarlo fácilmente, sin embargo para los adultos es una gozada caminar por calles estrechas y sombrías, cielos estrellados y olores sugerentes, especialmente de la mano de tu chico.
Lo de comprar ya es otro tema. Los mercadillos son caros y no venden nada que no encuentres en otras tiendas de efectos navideños. Quizás algún puesto de artesanía interesante pero nada del otro mundo.
Los alemanes van a estos mercadillos especialmente a comer y beber así que nosotros hicimos lo propio y comenzando por un crepe con chocolate, fui dando cuenta de tan típica tradición. Seguimos con la salichicha con pan y acabamos por los mützen, que son cuadraditos de masa parecida a la de los buñuelos y que te sirven en cucuruchos donde entran unos 10 por 3 euros. Este año entramos en un garito donde elaboraban una bebida a base de ron y azúcar. Aunque el sitio estaba lleno, la gente solamente bebía y hablaban entre ellos, hasta que llegamos nosotros, los españoles y con el escándalo que montamos forzamos la situación para que nos pusieran musikiki. Lógicamente comenzamos a cantar y a bailar y nos convertimos en el centro de atención del lugar.
Y es que, en cuanto a diversión se refiere, a los españoles no nos gana nadie, nos sale solo, sin forzar la situación, con naturalidad. Es verdad, en España estamos a años luz del PIB alemán, estamos a galaxias de sus cifras de paro, pero de pasarlo bien no nos tienen que dar lecciones, y mucho menos los germanos, pero qué sosos Dios mío!
A mi me los vas a contar que tuvimos que animar las fiesta del lago, este septiembre, si no llega a ser por nosotros y el mestre pirotecnic ........
ResponderEliminarDesde Bremen he de decir que me has hecho animarme a probar el gluhwein y me ha costado tomarmelo xo he entrado en calor! Un besazo
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