
M de mentiras, M manipulación, M de menosprecio, M de marzo.
Marzo de 2004, un día 11 como otro cualquiera. El sol reinando ya sobre el cielo de Madrid, miles de personas acuden a sus trabajos con cientos de pensamientos cruzando por sus mentes: los niños, el jefe, la cena, mi novio, su madre, la mía...... Ese día, aunque en realidad muchos días antes, alguien decidió por ellos que esos pensamientos no tendrían una respuesta, esas ilusiones y muchas de sus esperanzas nunca tendrían un final, ni bueno ni malo, no se resolverían nunca. Las imágenes difusas sobre su futuro inmediato o lejano se quedaron dentro del vagón de alguno de los trenes que aquel fatídico día explotaron en Madrid.
Yo estaba en Navacerrada, con mi marido y mis hijos disfrutando de una semana de esquí. Recuerdo que cuando me desperté, todavía con el recuerdo de mis sueños rondando por mi cabeza mi marido me dijo que acababa de haber un atentado. ETA, pensé yo, lo pensé yo, lo pensó mi marido, lo pensaron los que compartáin con nosotros la residencia militar de la sierra madrileña, lo pensó el gobierno, lo pensó ZP, lo pensó la prensa......
Aquella mañana decidí quedarme frente al televisor hasta que se supiera algo más. Era sobrecogedor oír cómo la cifra de fallecidos iba aumentando a un ritmo vertiginoso. No parecía un atentado más, era demasiada destrucción, demasiado dolor, demasiado morbo, así que decidí irme con mi hija a visitar el palacio de La Granja, en Segovia. La carretera que conducía a Segovia por la sierra estaba plagada de guardia civil, y me daba la sensación de estar viviendo un acontecimiento excepcional. Aunque los que acudimos aquel día a visitar este palacio escuchábamos al guía explicar con interés los pormenores de la construcción real o las curiosidades sobre su mobiliario y sus jardines, todos teníamos en mente lo que en ese mismo instante estaba pasando en el corazón mismo de la capital. Me parecía estar viviendo una tragicomedia donde mientras se disfruta se sufre, donde unos mueren y otros viven, donde unos ríen y otros lloran.
Nunca se me pasó por la cabeza ninguna teoría conspiranóica, no era ese mi estilo por aquel entonces.
Pronto empezaron a llegar noticias de unos terroristas suicidas, de una célula de al-qaeda, de una mochila... Ahora ya sabemos que nunca hubo terroristas suicidas, que al-qaeda nunca reivindicó este acto terrorista, o que la mochila encontrada en la comisaría de Vallecas tampoco tuvo que ver con las explosiones. Y aunque sabemos todo eso, seguimos sin saber quién cometió los atentados, seguimos sin descubrir quién fue su autor intelectual. En la cárcel hay un hombre que sigue negando su implicación en el 11-m a pesar de estar condenado a 40.000 años de prisión y que sigue en una celda de aislamiento. Para los que no lo sepan, este único responsable oficial de los atentados fue condenado por el testimonio de unos testigos rumanos que dijeron que le habían visto en uno de los vagones y quienes además cobraron poco más de 40.000 euros por ser víctimas del terrorismo, claro, ellos también iban en los vagones.
No puedo evitar hacer la comparación con Estados Unidos, no puedo y no quiero. ¿Acaso me debe parecer normal que tan solo unos días después de 11-m se destruyeran todos los vagones implicados? (casi todos, se acaba de encontrar el vagón que explotó en Santa Eugenia). ¿Acaso me debe parecer normal que los peritos que participaron en la investigación tuvieran como material de trabajo apenas 23 pequeñas piezas que habían quedado como restos de los vagones? ¿Acaso me debe parecer normal que la sociedad mire para otro lado? ¿Acaso me debe parecer normal que los sindicatos convoquen una manifestación en un día como éste? ¿Acaso me puedo imaginar que esto mismo se planteara en Estados Unidos un día como el 11-s? ¿O en cualquier otro país europeo?
No, no me parece normal.
Quiero saber la verdad, la única verdad porque verdad no hay más que una y lo único que sé es que toda la investigación del 11-m está llega de Mentiras, Manipulación, Menosprecio, y que efectivamente fue en Marzo, un día 11 como otro cualquiera.
Descansen en paz